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EL MILAGRO QUE ACOGE EL RÍO GUADALAJARA EN BUGA

Una ciudad fundada cuatro veces                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               El municipio de Guadalajara de Buga (Valle del Cauca) fue fundada en cuatro ocasiones en lugares distintos, y en cada uno de esos traslados recibió un nombre diferente (1554 - 1555, 1557 a 1559, 1570 y 1573). Desde la última fundación, a cargo de Sebastián de Belalcázar, se llama Guadalajara de Buga.

El municipio tiene una población de 115.946 (99.458 en la cabecera municipal y 16.488 en la zona rural). Los nacidos en este municipio reciben el gentilicio de bugueños.

En árabe, Guadalajara significa el río de las piedras, y sobre estas piedras redondas y grises, bugueños y turistas esperamos a que acabe la semana y se despida el sol de este domingo que ya pasó.
Guadalajara de Buga En el Valle del Cauca | Revista Equipaje
Guadalajara de Buga En el Valle del Cauca | Revista Equipaje

El Viaje

El casco urbano se encuentra a 57 kilómetros de Cali y la temperatura promedio es de 23 grados centígrados.

Es domingo, son las nueve de la mañana y todas las calles están vacías excepto las que conducen a la Basílica del Milagroso. Vendedores locales vocean el servicio de baño, y el de almuerzo también, para los que ya están pensando en la siguiente estación de su peregrinaje. En los umbrales de las casas algunos ofrecen el tradicional manjar blanco (en la no muy tradicional coca de plástico que imita en su forma y color a una totuma) y, a medida que me acerco al gran templo, se anuncia la llegada del Señor con vitrinas rebosantes de crucifijos y escapularios. Al Milagroso nadie le hace competencia. A unas cuadras, no lejos de la remozada y muy vacía estación del tren, un pastor cristiano insiste en una plegaria con seis asistentes solitarios.

“Todos somos iguales ante los ojos de Dios”, me dice un taxista cuando le pregunto si es cierto que el Milagroso le cumple a todos menos a los bugueños. “A mí me ha hecho muchos milagros”. Según él, peregrinos provenientes de Panamá, Puerto Rico, México y Ecuador, por nombrar algunos países, visitan al Milagroso. Buses turísticos y carros provenientes del suroccidente colombiano también se estacionan en las avenidas aledañas y esperan a que los devotos asistan a una de las nueve misas diarias y luego hagan la fila para entrar al Sagrario y dirigir una plegaria más directa, más cercana, al Santísimo.

Hoy, domingo, no menos de 300 personas hacen fila a espaldas del santuario. Otros peregrinos entran al Museo del Milagroso, apostado en diagonal a la Basílica, donde se relata la historia de la indígena que encontró un pequeño crucifijo en las aguas del río Guadalajara. Protegido detrás de un vidrio blindado, este Cristo moreno pende de un crucifijo rico en joyas y mide poco más de un metro y medio. Se dice que al menos tres millones de peregrinos lo visitan cada año.
Entre tanto, en una gran plazoleta que se extiende por más de cinco cuadras, familias de peregrinos se toman fotos con su celular y otros más rústicos acuden a las cámaras de los fotógrafos viejos que aún rondan la plaza. Dicen los pobladores que los misioneros redentoristas, encargados de administrar la Basílica y el culto al Milagroso, despejaron la plazoleta de vendedores ambulantes, librando el espacio para las tiendas religiosas más oficiales. A lado y lado de la plazoleta hay pollerías, hoteles con terrazas al aire libre, parlantes enormes que retransmiten la misa campal los días de sanación y una estatua de la Virgen con aspersores de agua, bendita para el calor.

El influjo de extranjeros es particularmente notorio durante las rogativas, celebraciones especiales que ocurren cada siete años, en las que el Mismísimo sale en procesión. Según el taxista, en la última rogativa se puso pesado el Cristo, extraordinariamente pesado, como si el Milagroso no quisiera salir. Si bien el Museo no reporta este suceso –aunque sí el cuchillo milagrosamente partido en tres con el que un fanático intentó asesinar a un sacerdote–, este espacio reafirma el poder del Milagroso y la extensión de su culto. Todas las paredes están forradas con miles de pequeñas placas de mármol gris que dan gracias por los favores recibidos. Cuatro vitrinas llenas de curiosos exvotos dan fe del fervor de los creyentes: el uniforme completo de un policía, quepis y gorras de militares, mamelucos sin estrenar, sacos de futbolistas, un cartón de grado y hasta la medalla de un subcampeón de minitejo. Una pancarta al interior del museo anuncia un formidable plan de medios: programas radiales diarios, trasmisiones en TV regional de las misas de sanación –que solo se celebran los 14 de cada mes al aire libre en la gran plazoleta– y también streaming de las eucaristías, plegarias virtuales y donaciones electrónicas en la web milagrosodebuga.org/.

Luz Dary y Juan atienden uno de los muchos puestitos de cholao y se declaran devotos de Buga, su pueblo natal, y amigos de las iguanas que duermen en las ramas. La sombra de un samán enorme cobija su carrito pintado de azul cielo. Al pie del tronco, Luz Dary deja las cáscaras de frutas para que las iguanas bajen y coman cuando se les antoje. Un tipo reparte pan a las ya robustas palomas. En una banca, una familia explora las copas de los árboles en busca de las iguanas dormidas y otros tantos solo conversan, esperando a que la sirena de los bomberos anuncie el mediodía –como todos los mediodías en la ciudad de Buga– o que el repicar de las campanas recuerde la misa que ya pasó y la misa que ya viene.

En el centro de la plaza se planta altiva la figura de José María Cabal, héroe de la independencia nacido en Buga y fusilado en Popayán en 1816. A su derecha, en una esquina, se eleva la iglesia de San Pedro, templo principal de Buga y sin duda la más bella y elaborada. Un magnífico altar colonial recubierto de lámina de oro corona la única nave de esta iglesia de techos bajos, bancas oscuras y severas y un ojo de buey que deja entrar un único rayo de sol cada 17 de mayo hasta alumbrar el altar.

Según Jaime Calero, docente de historia y colaborador de múltiples proyectos para el rescate del patrimonio bugueño, en este altar se encontraba en una época la Virgen de la Victoria, que llevaban los españoles en la conquista del territorio. Acaso por su similitud con alguna deidad indígena, la imagen provocaba la huida de los nativos. Esta anécdota de sumisión casi mágica parece ser una excepción en la lucha por el sometimiento de los indígenas de la zona. Calero enfatiza la dificultad de colonización del territorio bugueño.

 

Al caer la tarde, Buga se va despejando de peregrinos y visitantes. Motos y carros suben por la calle 3.ª en busca de agua fresca y un buen sancocho para rematar el día. Río arriba se anuncian cabañas ecológicas y balnearios más elaborados con actividades al aire libre. Río abajo, el Guadalajara es como el Pance. En las primeras casetas, la salsa choke y el vallenato anuncian que la parranda diurna comenzó. Algunos jóvenes nadan y otros preparan su almuerzo en fogatas. Igual que en Cali, acá el río es parque, es pícnic, es sendero, es bailadero, es piscina, es paseo de perros, es escondite de novios, es mirador, es milagro de agua clara. En árabe, Guadalajara significa el río de las piedras, y sobre estas piedras redondas y grises, bugueños y turistas esperamos a que acabe la semana y se despida el sol de este domingo que ya pasó.

Por: CATALINA HOLGUÍN   

2 de septiembre de 2015

Gastronomía

Dentro de la oferta gastronómica del municipio de Guadalajara de Buga, se cuenta con una amplia gama de platos y dulces que te harán vivir una experiencia única, como lo son:

Sopa de Plátano: es un caldo a base de plátano verde que tiene costilla de res, Yuca, Zanahorias, Arvejas, Papas y Cilantro.

La Chuleta Valluna: puede ser de cerdo o de pollo cualquiera de estas dos proteínas es apanada y suele servirse con arroz, papas y o plátano maduro.

Arroz Atollado: es un arroz húmedo con costilla de res, carne de cerdo, chorizo y chicharon.

Una ciudad fundada cuatro veces

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El municipio de Guadalajara de Buga (Valle del Cauca) fue fundada en cuatro ocasiones en lugares distintos, y en cada uno de estos traslados recibió un nombre diferente en terrenos de Buga la Vieja en 1554  a 1555,  surgió Nueva Jeréz de los Caballeros, en  1557 a 1559 la ciudad cambio su nombre a Guadalajara de Buga. Luego en 1570fue renombrada como Guadalajara de Nuestra Señora de la Victoria de Buga y finalmente en 1573 fue bautizada con el nombre que se le conoce actualmente, Guadalajara de Buga.

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